A pesar de todo lo mucho que se ha hablado de la crisis, me gustaría trasladar mi visión de los diferentes estados por los que ha pasado la misma y cual creo yo que ha sido el verdadero factor que ha influido en su origen.
Hemos pasado por diferentes comunicaciones de la crisis. Primero se dijo que se trataba de una Crisis Financiera provocada principalmente por los bancos y por las adjudicaciones de préstamos hipotecarios sobre todo. Esta crisis parecía afectar a las personas pero parecía originada por el sistema económico-financiero existente en el momento de la misma. Todavía no se hablaba de las personas.
Posteriormente, se hablaba más de Crisis de Confianza que de crisis financiera. Esto es debido principalmente a que al final son las personas las que dirigen las entidades financieras y no gozaban entre ellas de la confianza suficiente como para prestarse dinero y establecer vínculos de relación.
Confianza también perdida entre las entidades crediticias y las propias personas a las que se había concedido previamente esas hipotecas.
Tras esta crisis de confianza se empezó a hablar de Crisis de Personas. Una valoración mucho más cercana a la realidad y desde mi punto de vista un acercamiento al origen de la crisis global. Aquí parece que empezamos a poner puntos sobre las “ies” y se empieza a reconocer que somos nosotros mismos, las personas, las que hemos provocado esta situación. Aun así todavía se concretó más la crisis cuando se dijo que en realidad la misma era una Crisis de Valores. Valores de las personas. Valores que tras años de crecimiento y bonanzas económicas las personas hemos olvidado.
En estos últimos años hemos creado y dimensionado una escala de valores acorde al sistema consumista en el que estábamos inmersos. Hemos sido capaces de valorar a nivel general mucho más una trayectoria profesional que una vida personal y familiar. Hemos puesto por delante acceder a un puesto que nos genere mayor relevancia y mayores ingresos antes que aumentar la familia y crear con ello vida y verdaderos valores personales. Hemos preferido estar un par de horas más en el trabajo para llegar a casa con todos los niños dormidos, que llegar a tiempo para disfrutar de los baños, cenas y juegos con los hijos. Hemos pensado que se da mejor educación a los hijos trabajando los dos y teniendo algo más de ingresos, que estando el padre o la madre con los hijos. Hemos dimensionado y creado a nivel mundial los valores consumistas y de que cuanto más cosas tengo mejor me va y más feliz soy.
No hemos aprendido nada. Desde el siglo XVII con la crisis de los tulipanes en Holanda hasta la crisis actual, pasando por la crisis de la Compañía de los Mares del Sur en Inglaterra en el siglo XVIII y el crack del 29 en EEUU y la crisis de Japón ambas en el siglo XX, seguimos cometiendo los mismos errores. Si hay algo que todas estas grandes crisis han tenido es que han sido generadas por las personas y más concretamente por una avaricia y especulación sin precedentes. Es decir por el ímpetu del dinero fácil.
En definitiva llevamos varios años con una escala de valores, basados en los ingresos, las trayectorias profesionales y los objetivos empresariales. Todo ello es compatible, pero espero esta crisis sirva para recuperar los valores básicos y verdaderamente importantes.
Tardaremos en salir totalmente de la misma porque al igual que a una empresa le cuesta cambiar los valores corporativos asociados a las personas, es un proceso lento cambiar la forma de actuar y valores de las personas durante estos últimos años.
Es además un trabajo sobre todo personal e individual, pero también de las empresas e instituciones.
Os animo a que volváis a pensar y a disfrutar de esos valores que muchos han olvidado (o al menos dejado en segundo plano) y otros incluso no llegarán nunca a recuperar.

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